24 oct. 2014

Propuesta del día: Velocidad Moderna de Blutch (La cúpula, 2010)


Velocidad Moderna es una obra que se sostiene, sobre todo, en la sensualidad. El volumen retrata un momento preciso de la vida de Lola, bailarina en proceso de formación académica, que ha de protagonizar un relato futuro que será escrito por Renné, una escribidora que decide pasar a la alta literatura a partir de la vida de Lola, nuestra protagonista. Es Renée quien, en esto de ir registrando los avatares vitales de Lola, presencia una serie de hechos de un intenso carácter onírico donde monjas enanas, arañas, sectas de encapuchados y padres en calzoncillos vagando por fiestas multitudinarias, terminan de construir el extrañamiento que impide fijar los límites entre lo real, que es a lo que apela la contraportada, y lo que construyen las viñetas. Blutch revienta los clásicos giros de guión que contiene toda obra persuasiva que se precie porque los formula y libera desde el retrato casi perfecto de lo cotidiano, el lugar donde la línea temática del volumen comienza a dibujarse. Este registro, que exuda libertad desde el trazo hasta la planificación, pasando por los colores (a cargo de la mano de Ruby) nos permite afincarnos a un grado de plasticidad que convierte a los personajes en motores narrativos validos por sí mismos que, al tensar aún más la tensa maraña de relaciones entre lo narrado y lo expuesto o consignado.  Así las cosas, cabe decir que Velocidad Moderna una pista de aterrizaje para nuevos temblores formales. Además de una estupenda recomendación de miércoles.

20 oct. 2014

Propuesta del día: Hervir un oso de Jonathan Millán y Miguel Noguera (Belleza Infinita, 2010)

Luis Carandell afirmaba por ahí que «la labor de un humorista y, en definitiva, la de un escrito no consiste en decir, como en las películas americanas, la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. Ese es trabajo de escribidores o de escribientes, no de escritores». Quizá por esto último el humor gráfico deba ser entendido a la vez como un documento histórico, una radiografía sociológico-política y un fenómeno estético de amplio espectro que funciona, por sí misma, como manifestación artístico literaria. Básicamente porque que el discurso cómico siempre está hablando de nosotros. Este, aunque no de modo evidente, es el de Hervir un Oso de Jonathan Millán y Miguel Noguera. Un volumen que traduce las ideas de Noguera, suerte de greguerías metafísicas con un desarrollo claramente desafecto a cualquier tipo de racionalidad, a un lenguaje de cómic peligrosamente cercano al humor gráfico, etiqueta que sería peligroso usar sin agregar otras. Pero como éste sería un debate algo bizantino, quedémonos con el quid de la cuestión: por qué deberías, lector, asomarte a este volumen está en el hecho de que este par de jóvenes construyen, como hiciera en el pasado Alfred Jarry con la Patafísica, un rechazo a las evidencias acerca de lo que hacemos maquinalmente, acerca de lo que nos rodea. Millán y Noguera realizan una labor que explora el trasunto cotidiano como quién busca una realidad misteriosa y fantástica, además de funcionar como un ejemplo perfecto de lo que ha de hacerse con cualquier proyecto humorístico que destile valentía: empezar con él y tirar millas, siempre hacia delante y con sonoras carcajadas. Algo muy digno de hacer un miércoles como hoy.


17 oct. 2014

Propuesta del día: Surfing on the third wave de Miguel Ángel Martín (Rey Lear, 2010)


Miguel Ángel Martín ha estado tan atento a su época que ya hace un par de décadas viene acusando, por ejemplo, el exagerado uso de la tecnología en todos los ámbitos de la vida cotidiana, advirtiendo sobre el uso indiscriminado de internet como adicción y medio omnipresente, además de sucedáneo de la cotidianeidad; el porno como lenguaje más estimulante/lubricante que el sexo mismo o el desarrollo de drogas químicas o transgénicas a fin de transformar la vida en una práctica constante de deportes extremos. Todos estos referentes, así como la ultraviolencia como divertimento o la televisión jugando un rol de tabloide audiovisual, son algunos de los baremos que Martín conjuga en función de su relato. Con estos elementos se urde Surfing on the third wave, obra donde Martín exagera las condiciones y premisas del capitalismo moderno combinando la ciencia ficción con el humor para invitar a construir e instituir nuevos y variados puntos de vista. Así, construye un futuro (casi) inmediato como un lugar donde todo está (más o menos) permitido. Acerca de cómo y por qué da en el clavo en muchas de las patologías contemporáneas, de cuyos síntomas tendemos todos a ser víctimas,  es una cosa pendiente de vislumbrar y discutir. Por eso invitamos a su lectura.

Editado por entregas en la revista El Víbora y hoy disponible en integral, no es nada más y nada menos que una estupenda recomendación de lunes.