8 jul. 2015

Propuesta de miércoles: El coche de Intisar de Pedro Riera y Nacho Casanova (Glénat, 2013)

El Coche de Intisar (Ediciones Glénat, 2013), es una obra escrita por Pedro Riera y dibujada por Nacho Casanova que, con un tono íntimo de tempo moroso, indaga en la vida cotidiana de las mujeres en Yemen a partir de un personaje ficticio, aunque construido a partir de los rasgos de varios personajes reales que Riera conoció, junto a su mujer, durante su estancia en ese país. Es Intisar, la protagonista, una mujer que no es una, por eso de estar construida en base a retazos de muchas, que evoca, desde la primera persona, anécdotas de su vida cotidiana y apuntes dispersos sobre sus anhelos y preocupaciones. Lo dice el subtítulo, esta obra es un: “Retrato de una mujer moderna en Yemen”. De ahí, supongo, el corte documental que, intensificado por una estructura fraccionada en 24 partes que funcionan como unidades, invita a pensar en un intento dialógico: la obra infiere, una y otra vez, en la necesidad de dotar de profundidad a los modos y maneras en que puede ser interpretada e interpelada la realidad yemení desde una óptica femenina. Para nosotras, dice Intisar, la libertad es todo lo que podemos hacer sin que mi padre se entere. Óptica, huelga decirlo y subrayarlo las veces que haga falta,  sumida en el silencio: invisibilizada e imposibilitada por un régimen que ha hecho de la segregación de género una de sus características. Régimen que no ha escatimado esfuerzos siquiera a la hora de la instrumentalizar su religión en favor de un régimen patriarcal que agota toda posibilidad de emancipación femenina dentro de sus fronteras geográficas. Y he aquí uno de los rasgos más interesantes de este volumen, pues en más de una ocasión abunda en que el plano cotidiano permite sortear, aunque sea tímidamente, esos límites: todos y cada uno de los logros e hitos que subraya Intisar –sea el anonimato que permite el niqab, el velo que cubre el rostro; sea la complicidad que establece con su hermano, el responsable de su familia– se producen gracias a las fisuras que proveen los límites violentos y caprichosos del régimen en el que está sumida. Esta tensión hace palpable una de las motivaciones del volumen: indagar en las conexiones entre el mundo occidental y el percibido por Intisar, evitando el manido “choque de civilizaciones” que evoca el discurso oficial que impide reconocer al mundo musulmán en su alteridad.

Riera y Casanova han logrado matizar una realidad que se nos ofrece, desde el discurso del poder, como imposible de aprehender y discutir, como carente de grises, en un rígido negro que invita al rechazo inmediato. Ambos autores han convertido esta obra en una respuesta a esa lógica: uno por su capacidad para construir un personaje verosímil –contradictorio y sufriente, dispuesto a hacer del humor una vía de acercamiento a su propia realidad–, el otro por saber componer un paisaje que evoca lo inasible de la cotidianeidad en Yemen, una muy parecida a la de cualquier ciudad, generando un relato hecho de trazos cortos y de un bitono de gran expresividad. Juntos, han construido un relato unipersonal a  la par de multitudinario donde lo privado y cotidiano funciona como un mapa para empezar a entender y aceptar un territorio que se ofrece complejo. Eso sí, sin dejar de advertir sobre los dolorosos y complejos límites que ha instaurado el poder al condenar al ostracismo cualquier intento de resistencia a cara descubierta. Se trata, en definitiva, de una obra potente a la par que sutil que pone en cuestión un territorio común que ahora, luego de una atenta lectura, resulta menos secreto.

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